Julio Díaz Rubio (Cáceres, 1984) estudió Bachillerato Artístico en I.E.S. Al-Qazeres de Cáceres (2001-2003). Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca (2010), donde obtuvo matrícula de honor en pintura y dibujo morfológico (anatomía). Master Oficial Universitario en Arte Idea y Producción en la Universidad de Bellas Artes de Sevilla.

El ejercicio de la pintura supone, hoy mas que nunca, un acto de rebeldía, mas aún si la entendemos como un compromiso visual contemplativo, en un presente en el que nuestras imágenes de la realidad no son más que imágenes de imágenes, por tanto fantasmas. Los medios nos atiborran de estas sombras en nombre de la información, que no es, así, sino ilusión de ilusión, aún dándose por realidad.

En contrapartida, el artista debe tratar de conformar un imaginario personal, un mundo fabulado interior donde revalore y cuestione continuamente los mundanales arquetipos, inyectar nuevas visiones en la realidad colectiva desde el aislamiento interior. Porque la pintura es un objeto mental que nos obliga a verla con su propia mirada, es decir, liberándola de sus referentes para verla desde la propia visión. Ésta, una visión que tiende a la irreductibilidad de lo contemplado, despojarlo de lo artificioso y de lo inútil para hallar su esencia, aquellos aspectos sin los que lo contemplado no podría conformar su existencia referencial.

Las claves surgen en la pátina de los recuerdos, en el sueño, lo vivido como sedimento de la rutina, el pozo del subconsciente. Ahí será donde se aúne siempre el valor transcendental de la experiencia sensible. Este es el andamiaje de una pintura atemporal, porque se nos ha demostrado que así es; el lenguaje pictórico no tiene escalas temporales, la única dimensión aceptable es el filtro contemplativo del pintor, él sí tiene época, natividad y perecimiento.

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